Quizá el error no está en cómo hacemos pan…
sino en cómo entendemos lo que estamos haciendo.
No se trata de vender más.
Se trata de significar más.
De crear algo que, aunque dure minutos en la mesa,
permanezca en la memoria.
Porque al final…
no recordamos todo lo que comimos,
pero sí recordamos cómo nos hizo sentir.